
Con el comienzo de las protestas de los Indignados en España, comencé a conocer un nuevo panorama apasionante.
Dentro de ese espectro descubrí a Mónica Oltra, diputada de Compromís que recientemente tuvo esta actuación:
Detrás de ella está esta historia:
"Soy hija de un exilio de amor". La proclama poética que lanza la parlamentaria se ajusta a las circunstancias que vivieron sus padres, Juan y Ángeles, cuando, en vísperas del mayo francés y de la Primavera de Praga, buscaron la suya propia, la de su relación imposible, en Alemania. Se instalaron en el pequeño Kaarst y dejaron atrás el corsé legal del nacionalcatolicismo.
La moralina con forma de Código Civil hacía imposible normalizar la relación entre un separado -el mecánico matricero- y una chica soltera de Santa Cruz de Moya, tierra de maquis. "Las grandes víctimas del franquismo fueron los fusilados, los represaliados políticos o los homosexuales, pero también los represaliados civiles como mi padre, que tuvieron que huir", explica Oltra a este diario. Aquella pareja contracorriente atesoraba méritos políticos para el exilio. Ambos militaban en el PCE. "A mi mujer la llamaban Pasionaria", dice el hombre. A los dos años de estancia alemana, nació Mònica Jarque Tortajada. Era el nombre que figuraba en la partida de nacimiento expedida en el Consulado de España en Düsseldorf. Su padre seguía casado, a efectos legales, con aquella mujer de la que se separó de hecho años antes. Mònica adoptó por ello los dos apellidos maternos. En 1981, con la ley Fernández Ordóñez, por el ministro que la parió, llegó el divorcio y la aplicación, vía Código Civil, del mandato constitucional del reconocimiento de derechos de los hijos engendrados sin matrimonio. Los primeros que se acogieron a la bendición democrática en el exilio alemán fueron Mònica y Juanín, que incorporaron el apellido Oltra.
El reconocimiento oficial de paternidad de quien siempre fue genética y afectivamente su padre figura como apunte en la partida de nacimiento de la diputada. Este papel oficial consta, por ejemplo, en el expediente de adopción de los dos hijos de Mònica, dos hermanitos que llegaron de Etiopía en 2008, tras 24 meses de espera y 24 años después de que la familia Oltra-Jarque regresó de Kaarts, la Nochevieja del 84. Durante la tramitación de la adopción, Juan Cotino dirigía Bienestar Social, departamento que gestionó el expediente.
Por esto en una sesión fue insultada por el vicepresidente Juan Cotino quien tras tomar ella la palabra le espetó que se avergonzaría de tener una hija así y después le vomitó que posiblemente no conoce a su padre.
Con su temple enfrenta a un diputado que, como chico tarado, rasga papeles mientras ella habla. Pero Mónica se la banca y más:
Y se la sigue bancando:
Pero para simplificar, aquí Mónica visita al programa de Buenafuente donde hace un repaso de lo mejor de sus intervenciones:
Así que después de este mini informe sobre esta diputada valenciana, hago público mi amor (platónico, obvio) hacía Mónica Oltra y espero que los españoles vean que es la presidenta que necesitan, con más ovarios que todos los huevos juntos de los primeros mandatarios que tuvieron en estos tiempos.
He dicho.
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